Pinares llanos – Sabinares Sierra de Cabrejas

En esta ruta descubriremos dos zonas naturales muy distintas.

La primera, la zona conocida como “Pinares llanos“, un extenso manto de pinos al norte de Almazán, rico en recursos micológicos y del que desde hace unos años vuelve a extraerse la resina.

La segunda, los sabinares de la Sierra de Cabrejas, un espacio natural de unas 33.000 hectáreas e incluido dentro de la Red Natura 2000.

Con unos 150 Km de recorrido, se puede plantear para un plan de dos o tres días, bien con bicicleta MTB o gravel, pedaleando principalmente por caminos.

A lo largo del trayecto se pueden encontrar alojamientos turísticos de distinto tipo, y también refugios, que se adaptan tanto para cicloturistas más aventurer@s como para aquell@s que prefieren una logística más fácil.

Almazán

El Km 0 de la ruta se encuentra en la Plaza Mayor de Almazán., cuyo nombre, de origen árabe, significa “el fortificado”.

Se atribuye su fundación a Abderramán III, allá por el 1.088 y a Alfonso I “El Batallador” su reconquista definitivamente para los cristianos en el 1.128.

Corte del reino de Castilla en varias ocasiones, la época dorada de Almazán, se inicia en el siglo XVI, bajo la fuerte influencia de la familia Hurtado de Mendoza.

Su Plaza Mayor, reformada en el 2011, forma un precioso conjunto, en el que se concentran buena parte de los encantos de esta Villa.

En ella se conservan las construcciones típicas de una plaza castellana, con sus balcones y soportales.

También podemos ver parte de la antigua muralla, el postigo de San Miguel, con unas vistas espectaculares al Duero, y la Puerta de la Villa, que da acceso a la plaza desde el norte, y sobre la que se apoya la torre del reloj.

La iglesia de San Miguel, una de las joyas del románico de la provincia y el Palacio de los Hurtado de Mendoza, donde también podemos encontrar la oficina de turismo, completan el conjunto.

Callejeando por el resto del casco histórico, que todavía conserva su fisonomía medieval, podremos recorrer su muralla y encontrar muy bien conservadas, otras dos de sus puertas de acceso, la puerta de Herreros y la puerta del Mercado, además de otros edificios de interés.

Frente a la Plaza Mayor, en la otra orilla del Duero, podemos disfrutar de un agradable paseo por el Parque de La Arboleda, la gran zona verde de Almazán, también con unas vistas muy bonitas hacia su casco histórico.

Salimos de la Plaza Mayor por la calle Palacio, hasta el Rollo de las Monjas, al final del casco antiguo, para revolver a la derecha por la Ronda del Duero, siguiendo bajo la muralla hasta el puente por donde cruzaremos el río Duero.

Seguimos por la Avenida de Soria, cruzando la vía del tren y llegando a una antigua fábrica de muebles, cruzamos a la izquierda en busca del sendero GR 86.

Pasamos junto a la localidad de Fuentelcarro y nos adentramos de lleno por el manto de pinares que cubre toda esta zona.

Quintana Redonda

Llegamos a Tardelcuende, y continuamos hasta Quintana Redonda, dos de los pueblos más grandes de esta zona. A nuestro paso por Quintana Redonda, podemos ver la iglesia románica de Ntra. Sra. de la Asunción y el palacio de los González de Gregorio, y también podemos hacer una visita al Centro Temático de la Cerámica.

Las Cuevas de Soria, Inodejo

De aquí a Las Cuevas de Soria, primero por carretera y luego por camino, para pasar por el yacimiento arqueológico y museo de la villa romana La Dehesa.

Declarada como bien de interés cultural, fue una de las primeras villas romanas descubiertas en España, siendo las primeras excavaciones en 1928.

La villa se visita a través de unas pasarelas, desde las que podemos ver las distintas estancias que la formaban y los mosaicos que las decoraban.

Ya en Las Cuevas de Soria, un pequeño parque junto a la fuente del pueblo, detrás del frontón, puede ser un buen sitio para un pequeño descanso.

Si buscamos la salida norte del pueblo, llegaremos a un camino que nos lleva hasta un pequeño cañón que forma el río Izana, cortando la Sierra de Inodejo en su extremo oriental.

Este pequeño rinconcito es una preciosidad, del que apenas guardaba unos leves recuerdos de una excursión con el colegio.

Volvemos hacia el pueblo y salimos ahora hacia el oeste. Atravesamos la Sierra de Inodejo y sus encinares, por una buena pista, que nos lleva en tendido ascenso hasta la Ermita de Ntra. Sra. de Inodejo. Desde aquí ya podemos ver hacia el norte los sabinares de la Sierra de Cabrejas y detrás los Picos de Urbión.

Seguimos por camino asfaltado hasta Las Fraguas, y sin asfaltar hasta La Mallona. Ya por carretera, tranquilita y con buen asfalto, pasamos por debajo de la Autovía del Duero, para llegar a La Cuenca, pasando por los primeros sabinares.

La Cuenca

Este pueblo de La Cuenca, declarado como conjunto etnológico, es una joya arquitectónica, donde parece que el reloj se detuviera aquí hace años. Las casas y el resto de construcciones, tapias, lavadero,… se conservan en muy buen estado y respetando fielmente los materiales originales, piedra, madera de sabina y barro.  Y un agradable aroma a madera de sabina impregna todo el pueblo.

La zona del lavadero, nada más cruzar un arroyo a la entrada del pueblo, puede ser una buena opción para un nuevo descanso.

Estamos ya en plena Sierra de Cabrejas y pedaleamos ahora hacia Abejar. De nuevo toca subir. En este tramo se alternan buenas pistas, con caminos de herradura. Estos parajes rodeados de sabinas, son una preciosidad.

Llegamos ya a la parte alta de la Sierra de Cabrejas y si continuamos por la pista, enseguida se llega a la carretera de Abejar a La Venta Nueva y desde ahí es ya todo bajada hasta Abejar.

Otra alternativa, la que nosotros tomamos, es subir por camino un poco más, y bajar por la falda norte de la sierra hasta la vía verde de la Santander-Mediterrñáneo. La bajada es un poco técnica, sobre todo por las piedras sueltas en algún tramo, pero las vistas son espectaculares. Al llegar a la vía verde, hay una valla para el ganado, que hay que abrir y dejar cerrada después de pasar.

Abejar

Por la vía verde, enlazamos con la carretera que baja desde la Sierra de Cabrejas, para entrar en Abejar, que por su ubicación geográfica, es conocido como “La Puerta de Pinares”.

Desde aquí se accede a la cuenca alta del Duero y a la mayoría de los pueblos de esta Comarca de Pinares.

Desde un punto de vista arquitectónico, en Abejar podemos encontrar ya buenos ejemplos de las típicas casas pinariegas, con sus característicos balcones de madera y que me encantan.

La iglesia se San Juan Bautista, construida toda en piedra de sillería, es el edificio más destacado del pueblo, y uno de los templos góticos más representativos de la provincia de Soria.             

Y si te gusta el ciclismo retro, tienes una visita obligada al Museo de La Histórica.             

Desde Abejar, continuamos por la vía verde hacia el oeste hasta Cabrejas del Pinar, en las faldas de la Sierra de Cabrejas y sus sabinares.             

Cabrejas del Pinar

Con una población de unos 360 habitantes censados,, Cabrejas del Pinar, fue cabeza de la Comunidad de Villa y Tierra de Cabrejas, época de la que conserva su rollo de justicia.

Recorriendo su casco urbano, también podemos reconocer la arquitectura típica de esta zona.

A la entrada del pueblo desde Abejar, un monumento a las carretas de Cabrejas, quiere recordar la época en que los pueblos de esta zona pasaron a integrar la Cabaña Real de Carreteros. Fundada por los Reyes Católicos, supuso un impulso muy importante para la economía de esta zona de pinares entre Burgos y Soria.

La iglesia de San Millán, de estilo barroco y las ruinas del castillo, en lo alto del pueblo, completan los puntos más interesantes del pueblo.

Y en periodo de lluvias, la Cascada del Chorrón, bien merece también una visita. La podemos encontrar en las cercanías de Cabrejas, hacia el sur, por la carretera que va a Muriel de la Fuente.

Continuamos ahora nuestra ruta bordeando la falda norte de la Sierra de Cabrejas, para subir hasta el techo de la ruta, a 1.332 m de altitud, en las proximidades del Mojón de La Lastra.

Este será seguramente el tramo más duro de este bucle, con tres kilómetros de ascenso al 6% de pendiente media.

Desde aquí ya, casi todo bajada, hasta el Mirador de La Peñota.: Podemos encontrar alguna zona con regueros y piedras sueltas, pero con un poco de cuidado se llega bien.

Desde el mirador, las vistas son espectaculares. También hay aquí un pequeño refugio, que podría ser un fin de etapa perfecto para disfrutar del anochecer y el amanecer del día siguiente.

Volvemos al camino para continuar hacia el monumento natural de La Fuentona, el nacimiento del río Abión.

Tras pasar una majada, enlazamos con el sendero PR para llegar directamente al manantial justo por encima, con una panorámica de postal.

Aquí también hay un pequeño tramo con piedra suelta, por el que tenemos que pasar con atención. Se puede evitar bajando hasta Muriel de la Fuente por un camino a nuestra derecha antes de la majada que habíamos dejado atrás y entrar desde la carretera, por cualquiera de los lados del puente sobre el río Abión.

Sea llegando por un lado o por otro, La Fuentona es un lugar único, siempre rodeado de ese misterio sobre la profundidad de la cueva de donde mana el río.

La Fuentona

Dejamos La Fuentona, y contiuamos por carretera desde las afueras de Muriel de la Fuente hasta Calatañazor, pasando primero por la Reserva Natural del Sabinar de Calatañazor, un bosque con algunos de los mayores y más antiguos ejemplares de sabina albar de la península, una de ellas incluida en el registro de árboles singulares de Castilla y León.

Sabinar de Calatañazor

Calatañazor

Llegamos a Calatañazor, pasando primero junto a las ruinas de la ermita de San Juan Bautista y la ermita de la Soledad, ambas románicas.

Su nombre, se atribuye al término árabe “Qal`at an-Nusur”, que traducido, sería algo así como “castillo de las águilas”.

Subiendo por la Calle Real, arteria principal del pueblo, retrocedemos en el tiempo a cada pedalada. Calles y casas típicas de piedra, madera de sabina, ladrillo y barro, con sus características chimeneas cónicas sobre los tejados, conservan fielmente la seña medieval de este lugar.

Dejamos a nuestra izquierda la Iglesia de Nuestra Señora del Castillo, mezcla de románico y gótico, y. que alberga un pequeño museo parroquial.

Al final de la calle, la Plaza Mayor y el castillo, restaurado recientemente. Desde lo alto de la torre del homenaje, con algún buitre a nuestro alrededor casi seguro, las panorámicas son espectaculares.

Vemos el trazado de la muralla, el cañón del río Milanos por el este, y por el oeste, el Valle de la Sangre, donde cuentan algunos relatos que fue sorprendido y herido de muerte el caudillo árabe Almanzor.

Recorremos el resto del casco urbano, con idéntico sabor medieval, y podemos aprovechar para disfrutar de las viandas locales en alguno de sus bares o restaurantes, o tiendas, que también hay alguna.

Abioncillo de Calatañazor

Dejamos Calatañazor, en nuestro caso, por una senda que pasa bajo el castillo (también se puede volver directamente a la carretera bajando por la Calle Real) y llegamos ya por carretera a Abioncillo de Calatañazor.

El pueblo, muy pequeño, está bien arreglado y también conserva muy bien las construcciones tan características de esta zona.

Una pequeña pradera junto al río Abión, pero con buena sombra, nos puede venir de perlas para escapar del calor en los meses de verano.

Por aquí tenemos el segundo refugio de la ruta. Está a un kilómetro escaso de Abioncillo, cruzando el río y siguiendo un camino hacia el norte, hacia Muriel de la Fuente, en un entorno encantador como es la pequeña hoz que forma el río Abión en este tramo.

Si no, giramos ya hacia el sur, dirección Rioseco de Soria.

Tras un primer tramo con una buena subida, de 1 Km aproximadamente, abandonamos el espacio natural protegido de los Sabinares de la Sierra de Cabrejas por su extremo sur y llegamos por camino hasta Blacos.

Por aquí transcurre el Río Milanos, que viene desde Calatañazor, y si nos desviamos un kilómetro hacia el noroeste encontramos de nuevo el Río Abión, en un bucólico paraje con el último refugio de la ruta.

Continuamos desde las eras de Blacos por un camino hacia el oeste, pasando junto al cementerio y llegamos a Torreblacos, en cuyas proximidades unen sus aguas los ríos Milanos y Abión en su camino hacia el Ucero.

Estos dos ríos, Milanos y Abión, también están protegidos por la Red Natura 2000, dentro del espacio natural denominado Riberas del Rïo Duero y afluentes.

Cruzamos la carretera N-122 y continuamos hasta Rioseco de Soria por la carretera SO-P-4046, tranquila y con buen asfalto.

El paisaje se vuelve más áspero por estos páramos y la tierra se torna más rojiza, aunque también encontraremos encinas y sabinas por aquí.

Rioseco de Soria

En la Plaza Mayor de Rioseco, es curioso el rollo de justicia por su columna de mármol, procedente de la villa romana Los Quintanares, al sur del pueblo, junto a la carretera que va hacia Andaluz.

De la villa romana, solo se pueden apreciar sus formas, ya que está a la espera de fondos para sacar a la luz la cantidad de mosaicos que ahí se guardan.

Al otro lado de la carretera, frente a la villa romana, encontramos el espacio cultural OPS, un antiguo molino rehabilitado, con dos plantas, la de abajo dedicada al molino y la de arriba a la villa romana.

De Rioseco, continuamos hasta Valderrodilla por camino, y ya, llegamos a Andaluz entre pinares y cultivos por una bonita y tranquila carretera recién asfaltada.

Andaluz

Frente a nosotros, justo antes de llegar a Andaluz, una bonita hoz que forma el río, partiendo la sierra en dos y con buitres sobrevolando nuestras cabezas o apostados sobre las rocas.

La iglesia de San Miguel Arcángel, con un pórtico románico que es una joya, es el edificio más significativo del pueblo.

Enfilamos ya los últimos kilómetros de vuelta hasta Almazán, siguiendo el camino natural de la Senda del Duero.

Todavía una última parada a poco más de un kilómetro desde Andaluz para disfrutar de unas vistas espectaculares desde un mirador junto al Duero.

Llegamos a Almazán desde el oeste, siguiendo el Duero, por el parque de La Arboleda.

Cruzamos la pasarela sobre el río, hasta el Rollo de las Monjas,  y callejeando un poco por el casco histórico, terminamos la ruta en la Plaza Mayor, disfrutando de su entorno monumental y sus vistas al Duero.

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